Las directoras de la Asociación de Diplomáticas y Diplomáticos de Carrera (ADICA), Montserrat Fuentes y Jacqueline Rodríguez, publicaron una columna de opinión en El Mostrador titulada “Romper el cristal: mujeres, poder y diplomacia en Chile”, en la que reflexionan sobre las barreras estructurales que aún limitan la plena participación de las mujeres en la diplomacia y sobre los cambios institucionales necesarios para avanzar hacia una Cancillería más equitativa.
En el texto, las autoras plantean que la subrepresentación femenina en los espacios de poder diplomático no es solo un problema simbólico, sino también estructural. A partir de esa premisa, sostienen que la carrera diplomática debe entenderse como una arquitectura institucional que condiciona quiénes acceden al liderazgo y en qué condiciones lo hacen.
La columna releva, en ese sentido, la importancia del criterio 80/20 en el nombramiento de embajadoras y embajadores, no como una demanda meramente gremial, sino como una garantía para limitar la discrecionalidad política y permitir que el liderazgo femenino se consolide sobre la base del mérito, la experiencia y la trayectoria en el Servicio Exterior.
Asimismo, las autoras abordan las llamadas “paredes de cristal”, es decir, aquellas barreras invisibles que suelen empujar a las diplomáticas hacia áreas tradicionalmente asociadas al cuidado o la cooperación, mientras los hombres continúan concentrando con mayor frecuencia los espacios vinculados al poder duro, como economía, seguridad o defensa.
Otro de los ejes centrales del texto es el impacto que tienen las condiciones materiales de la carrera diplomática en la vida de las mujeres, especialmente en lo relativo a la conciliación entre vida familiar y trabajo. En ese marco, se advierte sobre el efecto que tuvo la casi eliminación de la asignación de escolaridad en 2025, al trasladar mayores costos a las familias y afectar con especial fuerza a las diplomáticas que deben compatibilizar destinos estratégicos con la estabilidad educativa de sus hijos e hijas.
La columna sostiene que avanzar hacia una diplomacia más justa exige no solo visibilizar estas brechas, sino también rediseñar las estructuras institucionales: mejorar los sistemas de selección y ascenso, fortalecer las políticas de conciliación, incorporar la perspectiva de género en el presupuesto público y garantizar que el talento, y no la cercanía al poder, sea el criterio que determine quién representa al país en el exterior.
Desde ADICA valoramos esta contribución al debate público, que pone en relieve el papel de las mujeres en la política exterior chilena y la necesidad de seguir impulsando transformaciones concretas para que la diplomacia profesional refleje, cada vez mejor, la diversidad y las capacidades de quienes la integran.
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